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Bradicardia (corazón lento)
por: José A. de la Osa
Consultado: Doctor en Ciencias Médicas Francisco Dorticós Balea

El corazón tiene un ritmo establecido por un marcapaso natural, denominado nodo sinusal, capaz de generar impulsos eléctricos regulares y ordenados. En condiciones normales se contrae entre 60 y 100 veces por minuto, frecuencia que puede verse acrecentada en personas sanas durante las prácticas de ejercicios físicos, o si se encuentran bajo la influencia de emociones o del estrés.

Cuando el corazón late con frecuencias inferiores a las cifras señaladas, se produce entonces lo que en Medicina se conoce como bradicardia o disminución de los latidos, o para decirlo con palabras de muchos pacientes cuando acuden a consulta: “Me siento, doctor, el corazón lento”.

¿Esas cifras consignadas se consideran normales tanto en niños, en jóvenes como en adultos?, pregunté esta semana al Doctor en Ciencias Médicas Francisco Dorticós Balea, jefe del Departamento de Arritmias y Marcapasos del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular del Ministerio de Salud Pública.

—El rango entre 60 y 100 latidos por minuto —dice— es para jóvenes a partir de los 18 años y para adultos de cualquier edad.

 

Los niños pequeños pueden presentar en determinados momentos frecuencias superiores a 120, 130 y son también completamente normales.

—¿Esas variaciones de la normalidad según la edad, incluyen la hora del día, la vigilia-sueño, después de las comidas?

—Se aprecia una disminución marcada de la frecuencia durante el sueño, a la que sigue un aumento apreciable al despertar y luego con las comidas, el ejercicio, el estrés.

—¿Las causas de la bradicardia se vinculan exclusivamente con afecciones del corazón?

—Pueden ser o no de origen cardíaco. Cuando la causa es del corazón, por fibrosis o arteriosclerosis que provocan un trastorno del nodo sinusal, esa “batería natural” del corazón se convierte en incompetente para brindarle el ritmo adecuado en su vital labor de impulsar la sangre que lleva el oxígeno requerido a cada órgano.

Entre las de origen extrínseco, es decir, las no relacionadas con el corazón, se encuentran el empleo de medicamentos como los betabloqueadores y otros fármacos antiarrítmicos (Amiodarona, por ejemplo), que contribuyen a disminuir la frecuencia cardíaca.

 
 
 
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