
Es conocido de todos que una buena alimentación preserva la salud y alarga la vida. En el género femenino lo anterior se demuestra a través de una reciente investigación publicada en la revista Circulation, realizada en el Departamento de Nutrición de la Facultad de Salud Pública de Harvard en Boston. Fueron, dentro de un rango "previsible" analizadas más de 72,000 mujeres entre los años l984 y 2002, ninguna con antecedente de infarto cardíaco, angina de pecho, cirugía coronaria, diabetes o cáncer. Se obtuvieron datos en relación con su edad, peso, índice de masa corporal, tensión arterial e incorporación a actividades físicas. Todas estuvieron comprendidas entre las edades de 30 y 55 años.
El grupo fue dividido entre las que mantuvieron un patrón "occidental" de alimentación y aquellas con un patrón "prudente". Las primeras basaban su alimentación en carnes rojas y procesadas, alimentos fritos así como granos y azúcar refinada, sinónimo de una mayor cantidad de calorías, grasas saturadas, colesterol y sodio. El grupo "prudente" consumía muchas frutas y verduras, alimentos integrales, pescado y pollo.
Alimentos nutritivos por excelencia, son relativamente bajos en calorías y grasas dañinas además de ricos en fibra vegetal.
En ambos grupos fue analizada la mortalidad, comparada con la respuesta a un cuestionario que incluía las raciones y frecuencia de consumo de 116 alimentos diferentes clasificados según pertenecieran a la dieta "prudente" u "occidental".
Cuando finalizó el estudio habían fallecido más de 6 000 mujeres: 3 139 por cáncer, 1 154 por enfermedad cardíaca y 1 718 por otras causas.
Quiere decir que más del 72% fallecieron por las dos primeras causas de muerte en gran cantidad de países, dentro de un rango "previsible", pero en los que incesantemente se investiga, como en este caso, con la finalidad de contribuir a su disminución.
La autora del estudio, Christian Heidemann, refirió que "las mujeres con una alta adherencia a un patrón prudente tenían un 17 por ciento menos de riesgo a largo plazo de muerte prematura por todas las causas y un 28 por ciento menos de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular en comparación con las mujeres que tenían una baja adherencia a este patrón".
Quienes mantuvieron la dieta "occidental" presentaron un riesgo 22 por ciento mayor de muerte por enfermedad cardíaca, 21 por ciento mayor por todas las causas y 16 por ciento mayor de muerte por cáncer. La variable central de la investigación consistió en el tipo de alimentación que mantuvieron ambos grupos. Otros aspectos como las edades de los decesos guardaron la relación usual según el patrón característico de presentación de cada uno de los procesos conducentes al fallecimiento.
Heidemann refirió que los resultados subrayan la importancia de identificar los esfuerzos para promover la adopción de una dieta saludable, idea fundamental como base de este trabajo.
Como siempre se ha dicho, se estimula a todas las personas a que se consuma frutas, verduras y granos integrales, pues es de sobra conocido que estos alimentos mejoran la salud. Además, es otro estudio más para convencer de que una alimentación sana sí establece diferencias en cuanto a la salud.
La alimentación saludable añade años con calidad a la vida y ayuda a prevenir diversas enfermedades, muchas de ellas graves y mortales como se demuestra en el estudio de referencia.
Esta investigación establece una clara diferencia entre dos patrones diferentes de alimentación, saludable y no saludable. En la primera, la incorporación sistemática de frutas, vegetales, alimentos integrales, las llamadas carnes blancas y los lácteos desgrasados confirman una vez más su activa participación en la salud humana e incuestionablemente, suman muchos años felices y productivos a nuestra existencia en este planeta. Cuando un patrón nutricional saludable se entrelaza con una sistemática y sana actividad física practicada de forma regular, un peso adecuado, una vida sana sin hábitos nocivos e intensas motivaciones personales, se establecen garantías de una vida plena y una longevidad satisfactoria.
Dr. Alberto Quirantes Hernández, Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente "Dr. Salvador Allende"Es conocido de todos que una buena alimentación preserva la salud y alarga la vida. En el género femenino lo anterior se demuestra a través de una reciente investigación publicada en la revista Circulation, realizada en el Departamento de Nutrición de la Facultad de Salud Pública de Harvard en Boston. Fueron, dentro de un rango "previsible" analizadas más de 72,000 mujeres entre los años l984 y 2002, ninguna con antecedente de infarto cardíaco, angina de pecho, cirugía coronaria, diabetes o cáncer. Se obtuvieron datos en relación con su edad, peso, índice de masa corporal, tensión arterial e incorporación a actividades físicas. Todas estuvieron comprendidas entre las edades de 30 y 55 años.
El grupo fue dividido entre las que mantuvieron un patrón "occidental" de alimentación y aquellas con un patrón "prudente". Las primeras basaban su alimentación en carnes rojas y procesadas, alimentos fritos así como granos y azúcar refinada, sinónimo de una mayor cantidad de calorías, grasas saturadas, colesterol y sodio. El grupo "prudente" consumía muchas frutas y verduras, alimentos integrales, pescado y pollo.
Alimentos nutritivos por excelencia, son relativamente bajos en calorías y grasas dañinas además de ricos en fibra vegetal.
En ambos grupos fue analizada la mortalidad, comparada con la respuesta a un cuestionario que incluía las raciones y frecuencia de consumo de 116 alimentos diferentes clasificados según pertenecieran a la dieta "prudente" u "occidental".
Cuando finalizó el estudio habían fallecido más de 6 000 mujeres: 3 139 por cáncer, 1 154 por enfermedad cardíaca y 1 718 por otras causas.
Quiere decir que más del 72% fallecieron por las dos primeras causas de muerte en gran cantidad de países, dentro de un rango "previsible", pero en los que incesantemente se investiga, como en este caso, con la finalidad de contribuir a su disminución.
La autora del estudio, Christian Heidemann, refirió que "las mujeres con una alta adherencia a un patrón prudente tenían un 17 por ciento menos de riesgo a largo plazo de muerte prematura por todas las causas y un 28 por ciento menos de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular en comparación con las mujeres que tenían una baja adherencia a este patrón".
Quienes mantuvieron la dieta "occidental" presentaron un riesgo 22 por ciento mayor de muerte por enfermedad cardíaca, 21 por ciento mayor por todas las causas y 16 por ciento mayor de muerte por cáncer. La variable central de la investigación consistió en el tipo de alimentación que mantuvieron ambos grupos. Otros aspectos como las edades de los decesos guardaron la relación usual según el patrón característico de presentación de cada uno de los procesos conducentes al fallecimiento.
Heidemann refirió que los resultados subrayan la importancia de identificar los esfuerzos para promover la adopción de una dieta saludable, idea fundamental como base de este trabajo.
Como siempre se ha dicho, se estimula a todas las personas a que se consuma frutas, verduras y granos integrales, pues es de sobra conocido que estos alimentos mejoran la salud. Además, es otro estudio más para convencer de que una alimentación sana sí establece diferencias en cuanto a la salud.
La alimentación saludable añade años con calidad a la vida y ayuda a prevenir diversas enfermedades, muchas de ellas graves y mortales como se demuestra en el estudio de referencia.
Esta investigación establece una clara diferencia entre dos patrones diferentes de alimentación, saludable y no saludable. En la primera, la incorporación sistemática de frutas, vegetales, alimentos integrales, las llamadas carnes blancas y los lácteos desgrasados confirman una vez más su activa participación en la salud humana e incuestionablemente, suman muchos años felices y productivos a nuestra existencia en este planeta. Cuando un patrón nutricional saludable se entrelaza con una sistemática y sana actividad física practicada de forma regular, un peso adecuado, una vida sana sin hábitos nocivos e intensas motivaciones personales, se establecen garantías de una vida plena y una longevidad satisfactoria.
Dr. Alberto Quirantes Hernández, Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente "Dr. Salvador Allende"