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Carne roja, ¿bueno o malo su consumo?

Desde el punto de vista nutricional, la carne roja se refiere a todas las carnes provenientes de los mamíferos y su color se debe a un pigmento rojo llamado mioglobina, proteína con hierro similar a la hemoglobina pero con un peso molecular inferior. Pertenece a los músculos que desarrollan un trabajo lento y repetitivo, de mayor intensidad, necesario para soportar grandes esfuerzos.

Las carnes blancas, presentes mayoritariamente en las aves, están constituidas por músculos que desarrollan un trabajo explosivo porque necesitan desarrollar rápidos movimientos. Ambas aportan aproximadamente cantidades similares de proteínas, con la cantidad y variedad necesaria de diferentes nutrientes.

El Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos publica en un reciente número de la revista Archives of internal medicine los resultados de una investigación realizada en más de medio millón de personas entre 50 y 71 años de edad, relacionada con el consumo de carnes rojas procesadas industrialmente o no.

Su mayor ingestión aumentó el riesgo de mortalidad en general, incluido el cáncer y las enfermedades cardíacas. El consumo de carnes blancas parece reducir tales riesgos.

Se aducen varios mecanismos donde las carnes rojas podrían estar asociadas con ese letal incremento y entre ellos se hallan varios factores cancerígenos. Algunos provienen de las grasas saturadas, muy presentes en estos alimentos, y otros se generan durante la preparación de la carne a altas temperaturas.

También las grasas saturadas reducen la acción de las bacterias intestinales beneficiosas para la salud e incrementan el número de las productoras de sustancias cancerígenas.

Además, son capaces de generar determinado desequilibrio hormonal pues a mayor cantidad de grasa en el organismo, mayor la cantidad de estrógenos, hormonas capaces de modificar inadecuadamente algunas células sobre las que actúan.

Las carnes rojas procesadas industrialmente utilizan los nitritos como preservantes de los cuales se deriva un potente cancerígeno, las nitrosaminas. El ejemplo se encuentra en el jamón, los perros calientes, tocineta, chorizos y hamburguesas.

Todo esto se ha asociado a algunos tipos de cáncer como los de mama, colon y recto, así como de ovario, útero, páncreas, pulmón, hígado y esófago.

Estos tipos de alimentos cárnicos también tienen el inconveniente de aumentar los factores de riesgo de enfermedades cardíacas como son la presión arterial y los niveles sanguíneos de colesterol. A este saldo negativo debe añadirse su tendencia a favorecer el aumento del peso corporal.

Recientemente en Australia se reportó que poblaciones cuya dieta incluye cantidades considerables de carnes rojas, presentan una acusada tendencia a padecer degeneración de la mácula, la principal causa de pérdida de la visión en adultos longevos, por lo que constituye un nuevo factor de riesgo para esta enfermedad pues algunos componentes de la carne roja podrían resultar tóxicos para la retina.

La incidencia de las enfermedades derivadas de un elevado consumo de carnes rojas ha ido cambiando los hábitos de consumo de algunos países. Así, por ejemplo, en Estados Unidos, en los períodos de 1974-1979 y 1990-1994, el consumo de carne de vaca descendió un 21 por ciento, mientras que el de pollo ascendió un 90.

Se recomienda consumir de manera ocasional, dos o tres veces al mes, platos con carnes rojas. Sería lo mismo decir que su consumo diario recomendado es de 80 gramos.

Comer es una de las satisfacciones de la vida y un acto necesario para nuestra salud. Si aquellos comestibles que pueden resultar tóxicos o indeseados los empleamos en dosis adecuadas o los eliminamos, según sea el caso, garantizamos los disfrutes de la vida basándonos en una excelente salud, plataforma imprescindible para cualquiera de nuestros empeños cotidianos.

Dr. Alberto Quirantes Hernández, Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente "Dr. Salvador Allende"
Fuente: Cubahora

 

Desde el punto de vista nutricional, la carne roja se refiere a todas las carnes provenientes de los mamíferos y su color se debe a un pigmento rojo llamado mioglobina, proteína con hierro similar a la hemoglobina pero con un peso molecular inferior. Pertenece a los músculos que desarrollan un trabajo lento y repetitivo, de mayor intensidad, necesario para soportar grandes esfuerzos.

Las carnes blancas, presentes mayoritariamente en las aves, están constituidas por músculos que desarrollan un trabajo explosivo porque necesitan desarrollar rápidos movimientos. Ambas aportan aproximadamente cantidades similares de proteínas, con la cantidad y variedad necesaria de diferentes nutrientes.

El Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos publica en un reciente número de la revista Archives of internal medicine los resultados de una investigación realizada en más de medio millón de personas entre 50 y 71 años de edad, relacionada con el consumo de carnes rojas procesadas industrialmente o no.

Su mayor ingestión aumentó el riesgo de mortalidad en general, incluido el cáncer y las enfermedades cardíacas. El consumo de carnes blancas parece reducir tales riesgos.

Se aducen varios mecanismos donde las carnes rojas podrían estar asociadas con ese letal incremento y entre ellos se hallan varios factores cancerígenos. Algunos provienen de las grasas saturadas, muy presentes en estos alimentos, y otros se generan durante la preparación de la carne a altas temperaturas.

También las grasas saturadas reducen la acción de las bacterias intestinales beneficiosas para la salud e incrementan el número de las productoras de sustancias cancerígenas.

Además, son capaces de generar determinado desequilibrio hormonal pues a mayor cantidad de grasa en el organismo, mayor la cantidad de estrógenos, hormonas capaces de modificar inadecuadamente algunas células sobre las que actúan.

Las carnes rojas procesadas industrialmente utilizan los nitritos como preservantes de los cuales se deriva un potente cancerígeno, las nitrosaminas. El ejemplo se encuentra en el jamón, los perros calientes, tocineta, chorizos y hamburguesas.

Todo esto se ha asociado a algunos tipos de cáncer como los de mama, colon y recto, así como de ovario, útero, páncreas, pulmón, hígado y esófago.

Estos tipos de alimentos cárnicos también tienen el inconveniente de aumentar los factores de riesgo de enfermedades cardíacas como son la presión arterial y los niveles sanguíneos de colesterol. A este saldo negativo debe añadirse su tendencia a favorecer el aumento del peso corporal.

Recientemente en Australia se reportó que poblaciones cuya dieta incluye cantidades considerables de carnes rojas, presentan una acusada tendencia a padecer degeneración de la mácula, la principal causa de pérdida de la visión en adultos longevos, por lo que constituye un nuevo factor de riesgo para esta enfermedad pues algunos componentes de la carne roja podrían resultar tóxicos para la retina.

La incidencia de las enfermedades derivadas de un elevado consumo de carnes rojas ha ido cambiando los hábitos de consumo de algunos países. Así, por ejemplo, en Estados Unidos, en los períodos de 1974-1979 y 1990-1994, el consumo de carne de vaca descendió un 21 por ciento, mientras que el de pollo ascendió un 90.

Se recomienda consumir de manera ocasional, dos o tres veces al mes, platos con carnes rojas. Sería lo mismo decir que su consumo diario recomendado es de 80 gramos.

Comer es una de las satisfacciones de la vida y un acto necesario para nuestra salud. Si aquellos comestibles que pueden resultar tóxicos o indeseados los empleamos en dosis adecuadas o los eliminamos, según sea el caso, garantizamos los disfrutes de la vida basándonos en una excelente salud, plataforma imprescindible para cualquiera de nuestros empeños cotidianos.

Dr. Alberto Quirantes Hernández, Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente "Dr. Salvador Allende"
Fuente: Cubahora