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Memoria y calorías

La memoria es una función del cerebro. Permite almacenar, clasificar y recuperar las informaciones pertenecientes al pasado.

Gracias a ella se almacenan las vivencias. Según su alcance en el tiempo existe la memoria a corto plazo y es donde se manipula la información actuante con el medio ambiente.

La memoria a mediano y a largo plazos almacena los recuerdos, las percepciones y el conocimiento del mundo, los conceptos, las imágenes, estrategias de actuación, etc. Su capacidad aún es desconocida.

Una demostración convincente

En la más reciente reunión anual de la Academia Estadounidense de Neurología (American Academy of Neurology), en Nueva York, miembros de la Clínica Mayo en Scottsdale, Arizona, presentaron interesantes datos relacionados con la salud del cerebro.

Demostraron cómo el consumo calórico excesivo podría no ser bueno para el adecuado funcionamiento de este preciado órgano.

En la investigación realizada se reunieron datos de más de mil 200 personas comprendidas entre los 70 y los 89 años de edad.

Entre ellas se encontraron 163 diagnosticadas con deficiencias de la memoria clasificadas como “deterioro cognitivo leve”.

Se calculó la ingestión diaria de calorías de cada uno de ellos y se determinó que quienes incorporaban una mayor cantidad, entre dos mil 143 y seis mil, tenían más del doble de posibilidades de tener este diagnóstico en comparación a aquellos de menor consumo, de 600 a dos mil 142 calorías.

De ahí deducen cómo la ingesta calórica excesiva a través de alimentos azucarados, refinados o grasientos puede conducir a cambios estructurales desfavorables en el cerebro.

Cuidando al cerebro

Ya habían sido vinculadas las prácticas saludables en la vida diaria con la conservación de la función cerebral general.

Con esta investigación se marcan pautas sobre los posibles mecanismos responsables del declive cognitivo.

Al mismo tiempo, se aportan estrategias para la salud cerebral a través de una nutrición adecuada restringiendo la ingestión de una excesiva cantidad de calorías al eliminar de la diaria alimentación aquellos comestibles poco nutritivos y de elevada densidad calórica.

Una aumentada ingestión energética contenida en determinados alimentos se vincula directamente con la obesidad y sus enfermedades asociadas como son las cardíacas, la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, algunos tipos de cáncer o los accidentes cerebrovasculares.

Por lo tanto, en nada sorprende que un exagerado consumo calórico esté asociado con un mayor deterioro cognitivo.

De esta manera, se puede afirmar que aquella alimentación básicamente buena para alcanzar o mantener un peso adecuado, también lo será para el cerebro.

Las funciones cognitivas también necesitan ser cuidadas como cualquier otra parte de nuestro organismo.

Dr. Alberto Quirantes Hernández, Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente "Dr. Salvador Allende"
Fuente: CUBAHORA

 

La memoria es una función del cerebro. Permite almacenar, clasificar y recuperar las informaciones pertenecientes al pasado.

Gracias a ella se almacenan las vivencias. Según su alcance en el tiempo existe la memoria a corto plazo y es donde se manipula la información actuante con el medio ambiente.

La memoria a mediano y a largo plazos almacena los recuerdos, las percepciones y el conocimiento del mundo, los conceptos, las imágenes, estrategias de actuación, etc. Su capacidad aún es desconocida.

Una demostración convincente

En la más reciente reunión anual de la Academia Estadounidense de Neurología (American Academy of Neurology), en Nueva York, miembros de la Clínica Mayo en Scottsdale, Arizona, presentaron interesantes datos relacionados con la salud del cerebro.

Demostraron cómo el consumo calórico excesivo podría no ser bueno para el adecuado funcionamiento de este preciado órgano.

En la investigación realizada se reunieron datos de más de mil 200 personas comprendidas entre los 70 y los 89 años de edad.

Entre ellas se encontraron 163 diagnosticadas con deficiencias de la memoria clasificadas como “deterioro cognitivo leve”.

Se calculó la ingestión diaria de calorías de cada uno de ellos y se determinó que quienes incorporaban una mayor cantidad, entre dos mil 143 y seis mil, tenían más del doble de posibilidades de tener este diagnóstico en comparación a aquellos de menor consumo, de 600 a dos mil 142 calorías.

De ahí deducen cómo la ingesta calórica excesiva a través de alimentos azucarados, refinados o grasientos puede conducir a cambios estructurales desfavorables en el cerebro.

Cuidando al cerebro

Ya habían sido vinculadas las prácticas saludables en la vida diaria con la conservación de la función cerebral general.

Con esta investigación se marcan pautas sobre los posibles mecanismos responsables del declive cognitivo.

Al mismo tiempo, se aportan estrategias para la salud cerebral a través de una nutrición adecuada restringiendo la ingestión de una excesiva cantidad de calorías al eliminar de la diaria alimentación aquellos comestibles poco nutritivos y de elevada densidad calórica.

Una aumentada ingestión energética contenida en determinados alimentos se vincula directamente con la obesidad y sus enfermedades asociadas como son las cardíacas, la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, algunos tipos de cáncer o los accidentes cerebrovasculares.

Por lo tanto, en nada sorprende que un exagerado consumo calórico esté asociado con un mayor deterioro cognitivo.

De esta manera, se puede afirmar que aquella alimentación básicamente buena para alcanzar o mantener un peso adecuado, también lo será para el cerebro.

Las funciones cognitivas también necesitan ser cuidadas como cualquier otra parte de nuestro organismo.

Dr. Alberto Quirantes Hernández, Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente "Dr. Salvador Allende"
Fuente: CUBAHORA